Ni Una Menos en las Cárceles

Charlamos con Raquel Gutiérrez Aguilar y Verónica Gago sobre el abolicionismo penal en relación a los tiempos álgidos de la revuelta feminista Latinoamericana.

Gutiérrez es profesora de sociología e investigadora de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, especializada en movimientos indígenas en América Latina y  pasó cinco años encarcelada en el Centro de Orientación Femenina de Obrajes en La Paz. Verónica Gago es docente en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de San Martín, e integrante de Tinta Limón Ediciones y #NiUnaMenos.

También charlamos con tres compañeras de la agrupación Yo No Fui, un colectivo feminista que trabaja en proyectos artísticos y productivos dentro y fuera de las cárceles de mujeres de Argentina.

Image credit: Jorge González Camarena, Presencia de América Latina

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ALEJO: Bienvenides al primer programa en castellano de Rustbelt Abolition Radio, mi nombre es Alejo Stark. Nos encontramos frente a la difícil tarea de entablar un diálogo más allá del rustbelt, más allá del “cinturón oxidado,” más allá de esos territorios y poblaciones como Detroit y Flint, zonas de abandono organizado y violencia organizada del Estado y el capitalismo racial. Es decir, nos encontramos frente a una cierta tarea de traducción, una tarea siempre fallida, siempre imposible, pero hoy, más que nunca, sumamente necesaria. En particular, en este programa, que titulamos “Ni Una Menos en las Cárceles” nos propusimos pensar el Abolicionismo penal a la par de los tiempos álgidos de la revuelta feminista Latinoamericana.

A finales de Octubre de este mismo año tuvimos la oportunidad extraordinaria de conversar con Verónica Gago, Raquel Gutiérrez Aguilar y con tres compañeras de la agrupación Yo No Fui, Liliana Cabrera, Eva, y Gabriela. En lo que sigue les compartimos las grabaciones de estas conversaciones que intentar pensar un feminismo más allá del imaginario carcelario y punitivista.

[MUSICA]

ALEJO: Nos encontramos en Buenos Aires con Verónica Gago y Raquel Gutiérrez Aguilar. Veronica Gago es integrante del colectivo Ni Una Menos en Argentina, como también profesora de ciencias sociales en la Universidad de Buenos Aires y el Instituto de Altos Estudios, Universidad Nacional de San Martín. Raquel Gutiérrez Aguilar, es profesora de sociología en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, en México, y pasó cinco años encarcelada en Bolivia por sus militancia en el Ejército Guerrillero Tupac Katari. Las claves de nuestra conversación tienen como núcleo central lo que en Norteamérica se conoce como feminismo carcelario, es decir, todo feminismo que propone una solución carcelaria y punitivista a la violencia de género. Cómo pensar el problema del feminismo carcelario, tramado por las desapariciones y la guerra en contra las mujeres tanto en México como en Argentina? Como imaginar otra forma de justicia que no sea punitivista? Estas son algunas de las preguntas que nos hacemos como abolicionistas penales y que discutimos con Verónica y Raquel.

ENTREVISTA CON VERONICA GAGO Y RAQUEL GUTIERREZ

RAQUEL GUTIERREZ AGUILAR: Nosotros estamos viendo una cosa en México que es todavía más triste que lo que estás diciendo, porque nosotros dialogamos con el trabajo de Angela (Davis), con el trabajo de Ruth Gilmore en términos de que en la guerra contra el pueblo Mexicano, que tiene como uno de sus dispositivos principales la desaparición, y no la desaparición por el Estado, esta cosa que se llama la desaparición entre particulares.
Son las mujeres las que buscan restos, y buscan víctimas, y buscan cómo encontrar y se preguntan por cómo hacer justicia, etcétera. Pensamos una cosa en diálogo con ellas, en México está pasando eso, porque ni siquiera les ha dado tiempo ni han querido construir el dispositivo carcelario, entonces directamente desaparecen, ¿sí me explico? Es como una vuelta de tuerca hacia abajo de lo que es el siguiente círculo del infierno, digamos, no?. Ya no es ir a visitar un preso, es ir a ver esto.
Entonces una de las cosas que está muy en el centro aún como discusión que lo ponen mucho, la clave de las madres, es ¿cómo vamos a producir justicia? ¿Cómo vamos a producir justicia? y no hay una respuesta. No hay una respuesta. Bueno, no hay una respuesta porque a ver si vamos a poder salir de la guerra contra nosotros que se nos impuso hace 12 años o al menos estabilizarla en su parte ofensiva, digamos, porque la guerra quizás siga, pero capaz estabilizarla un poco, no?
Pero, qué haces con un conjunto de instituciones totalmente podridas y con unas cárceles que en realidad, como el mecanismo de la desaparición –es la desaparición física– las cárceles en los lugares más acosados se vuelven la guarida de los que desaparecen.
No el caso de la ciudad de Torreón en particular, que lo estudió una amiga nuestra, es muy horrible. Porque es una prisión donde vivían los que desaparecían, es decir. Grupos de varones jóvenes también convertidos en sicarios, militarizados, aceptando qué claves de violencia, articulados con corporaciones de Policía y Ejército para instrumentalizar y para desaparecer.
A quién? A otros varones jóvenes de los lugares como un mecanismo también de disciplinamiento general de todos como fuerza de trabajo, ¿te das cuenta? O sea, está muy duro. Entonces ahí la clave de la discusión no es tanto el punitivismo, porque el punitivismo es la muerte, ah? Acá es lo que se confronta.
Entonces, acá un poco lo que se ponen en la clave es en cierta medida la clave de qué pasa, es decir, la clave de verdad, no? Pero no en el sentido, no es idéntico que la clave de verdad Argentina, es una clave de verdad que quiere que arrojar luz a la trama corporativa de asesinato, desaparición y acumulación de capital trenzada, quiere entenderla. Quiere entenderla.
Y por otro lado es la clave de justicia, pero como producción de justicia, ah? Desde nosotros que es justicia? Hoy yo te puedo decir que justicia para muchos de los padres es lo que están diciendo: justicia es verdad, es saber qué pasó. Justicia es encontrar. Justicia es poder enterrar. Y después, ya veremos, ya veremos a quién hay que castigar, a quién hay que detener, ya veremos. Pero es un grado más brutal todavía, no sé si me sigues, no?, que desplaza, bueno.. Es interesante porque en este desplazamiento, ¿qué va a habilitar? Está totalmente desplazada la forma tribunal como mecanismo de justicia, porque hallar justicia es otra cosa, no?
ALEJO: Pensando en esa clave, acá en Argentina en particular, el lema justicia y castigo opera en cierto modo también. ¿Cómo se piensa desde la agrupación Ni Una Menos o dentro un colectivo, diferentes tendencias, piensa lo que en Estados Unidos se llama “feminismo carcelario” o también esta cierta pulsión por ahi punitiva en torno a las prisiones? ¿Cómo se piensa justicia y castigo en relación a Ni Una Menos?
VERONICA GAGO: Bueno, creo que hay una conexión muy fuerte entre la experiencia de lo que fueron en Argentina: los escraches populares, no? Que eran formas de justicia popular que significaron toda una organización una vez que la justicia formal, digamos, de la justicia institucional no condenaba los genocidas de la última dictadura militar. Entonces se empezó a imaginar una forma de ir construyendo justicia en los barrios, de denunciar la impunidad con la que vivían los genocidas y entonces, fue todo un dispositivo que era de mapear.
Es decir, primero se investigaba dónde vivían los genocidas. Se marcaba su casa y se hacía primero todo un trabajo con el barrio. Se le iba a decir a los comerciantes, “Usted sabe que le está vendiendo pan a un genocida que hizo esto, esto y esto?”. Se pegaba la biografía de ese genocida en las distintas calles del barrio, y cuando ese trabajo barrial estaba maduro se hacía un escrache, que era una manifestación, una marcha contra la casa del genocida.
Entonces el lema de esa acción era, “Si no hay justicia, hay escrache”. Entonces, era una lectura realista de la justicia institucional y al mismo tiempo una discusión de qué tipo de otra justicia se podía producir desde abajo. Y eso era interesante porque muchas veces solo se veía el momento del escrache, pero, y entonces había muchas polémicas, decían, “¿Eso no es como los nazis que marcaban las casas de los judíos? Ustedes están marcando la casa de los genocidas, pero ¿no es el mismo mecanismo?”.
Se obviaba todo el proceso de construcción social, barrial, popular de investigar, de hablar con los vecinos, de construir justamente esa figura como una figura de impunidad en un barrio, no? Entonces, creo que ahí, digamos, hay una experiencia muy fuerte, que además es muy fuerte en términos generacionales para lo que es la generación de los hijos e hijas de desaparecidos y desaparecidas y de todas las que conformamos en ese momento la Mesa de Escrache Popular.
Que era una mesa itinerante, iba cambiando por barrios, y además empezábamos a recepcionar denuncias de vecinas y vecinos que nos decían, “Yo creo que este tipo que vive acá me parece que es raro, sospechoso, porque veo que tal cosa o sabemos tal y tal otra cosa”, entonces empezaba también como un tipo de investigación que era muy interesante, porque era un tipo de investigación que la justicia no hacía, no? Incluso cuando los vecinos denunciaban cosas.
Entonces, en Argentina me parece que, lo que fue el escrache y lo que fue las luchas de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, donde juicio y castigo siempre iba en relación a memoria verdad y justicia, se no está desenganchado, no están desacopladas esas consignas. Y juicio y castigo, por ejemplo, era parte de la señalética que hacíamos en los escraches que en particular en términos gráficos lo hacía el grupo de arte callejero, no?
Que íbamos marcando cada uno de los lugares del barrio, y esa era como la consigna principal, tiene que ver con una situación muy específica: que es la impunidad de los crímenes del terrorismo de Estado, no? Entonces, me parece que no es lo mismo que otras instancias de discusión sobre la justicia, y me parece que en eso Argentina también tiene una experiencia bastante singular y bastante importante.
Luchas donde en otros países de América Latina no ha funcionado –o han funcionado las llamadas comisiones de la verdad– que eran justamente trataban de ser imparciales o lo que acá se conoció como “teoría de los dos demonios”, que trataba de equiparar la violencia del terrorismo de estado y la violencia de la guerrilla, haciendo una falsa simetría de lo que significaron esas violencias y esos enfrentamientos.
Creo que esa singularidad de la lucha de los derechos humanos, que hace que los derechos humanos en Argentina no sea un discurso abstracto o moral de organismo internacional. Sino que esté muy vinculado, muy situado a una experiencia de luchas, a una genealogía que es intergeneracional y a una discusión extensa sobre la justicia, me parece que es importante.
En relación a Ni Una Menos, además de que hay varias compañeras que son hijas de desaparecidos y desaparecidas, de hecho, hoy hay una compañera que está escuchando la sentencia por el juicio de su mamá, Marta Dillon, tenemos toda una discusión, me parece de nuevo tipo, de lo que significa: ¿qué puede pensar el feminismo como justicia, no? O como charlamos con Raquel.
¿Cuáles son las máquinas de hacer justicia que está produciendo hoy las experiencias feministas? Porque me parece en el caso del punitivismo, que es como el término que se usa acá para discutir. ¿Qué dice el feminismo sobre los feminicidios, las violencias, etcétera? Yo creo que hubo un intento de hacer una torsión punitiva de las denuncias que hacíamos desde el feminismo sobre las diferentes violencias machistas.
Era el intento de hacer esta torsión en clave securitista de lo que estábamos planteando. Es decir, lo que ustedes están planteando como una serie de violencias conectadas, se arregla con más policía, con más control, con más formas de disciplinamiento, y lo que veíamos es que las denuncias de todas las mujeres es, “No, pero yo voy a la comisaría y el comisario no me toma la denuncia”.
O por ejemplo, lo que nos cuentan las compañeras trabajadoras de la línea 144, que es la línea que recepciona las denuncias por violencia de género, es que en general, cuando ellas nos contaban que hay un altísimo porcentaje de los casos de violencia de género que están involucradas fuerzas de seguridad.
Lo que nos contaban es que cuando se hacen las denuncias, como la línea está conectada con distintas comisarías o tienen que ellas hacer informes a las comisarías, de las propias comisarías les avisaban a los a los denunciados. Entonces hay un tipo de complicidad –efectiva, cotidiana, práctica– con distintos niveles de las fuerzas de seguridad, que obviamente plantea como un “doble estándard” sobre la idea misma de solucionar el tema de las violencias con mayor fuerza de seguridad. Pero, por supuesto que ha sido instrumentalizado así.
Y de hecho, ante un femicidio muy truculento que sucedió el año pasado, un conjunto de legisladores lo que propuso, por ejemplo, es la modificación de la Ley de Ejecución Penal. Como si fuese la solución al tema de los femicidios, como si lo que nosotras estuviésemos buscando es la intensificación de las penas. Decir que esto no es lo que no queremos, no nos quita de encima el problema de cuál es el castigo.
Porque las compañeras en los barrios y en la familia dicen, “Bueno, o pero yo lo que no quiero ver es a ese tipo suelto”. Ahí hay, me parece, una zona de ambivalencia, de problema, de que sabemos que esa es la solución, pero tampoco simplemente decir, “No hay castigo”, no es la solución tampoco. Me parece que ahí estamos en una zona que no tenemos muy claro cómo resolver. Que, por ejemplo, se están planteando formas de seguimiento comunitario de algunos mecanismos, no?
Por ejemplo, cuando se ponen denuncias perimetrales a los abusadores o a los violentos, en general no se cumplen. Lo que se está diciendo es que haya un grupo de compañeras que asegure, que refuerce ese mecanismo de seguridad que impone la justicia, pero a la vez vamos a hablar con operadoras judiciales y nos dicen, “A nosotras nos llega el expediente con el pedido de la pulsera de seguridad tres meses después de que sucedió la amenaza, entonces ya no sabemos si no volvió a suceder”.
O sea que también hay toda una burocracia, por lo menos acá, de la justicia que es siempre retardataria en relación a la urgencia de lo que son las situaciones concretas. Hay varias compañeras que lo que están planteando es, “El lugar en que yo me siento más insegura es en mi casa, y yo sé que si llamo a la policía, no viene, no va a entrar, me va a tratar de disuadir de que haga la denuncia”, etcétera etcétera.
Lo que se están conformando de manera bastante, digamos, difundida son distintos modos como podríamos llamar entre de autodefensa de denuncia, de cuidado colectivo, de formas más autónomas de protección, de cuidado, de denuncia y de seguimiento de los casos, sobre todo. Porque también hay una cuestión del tiempo de cómo se sostiene.
RAQUEL GUTIERREZ AGUILAR: En diálogo con lo que dice Vero. En México con una escala mucho menor del despliegue de las luchas contra todas las violencias, en clave feminista amplia. y de masas, tenemos una cosa tremendamente honda, porque llevamos muchos años sufriendo esta violencia desatada contra el conjunto de la sociedad.
Entonces hay aquí un asunto que es interesante, que es: ¿cómo pensamos los nuevos sitios de procesamiento. Es decir, Vero estaba anotando un poco cómo han ido ensayando las personas. Es decir, si la forma tribunal y la forma comisaría y la forma no es, entonces, ¿qué es? La pregunta que nos hacemos es esa. Y hay ejemplos, están ciertas experiencias más bien comunitarias, no tanto desde el feminismo, sino desde la lucha indígena, de establecer estas “casas de justicia” que se llaman, y estas casas de justicia no solamente, se corren de la clave punitivista hacia una clave de la restitución, que está bastante glosado, o sea justicia restitutiva y no punitiva. Está bueno.
Pero sobre todo lo que -yo creo que- establecen y se esfuerzan es por fijar límites. Es por fijar límites con claridad de lo que no es ya admisible, si? Y eso es ir estableciendo una forma distinta de autoridad.
En algunas universidades a partir de los casos de violencia que no se pueden procesar, que se procesarían, el camino de su procesamiento sería una clave punitivista, que cuando es muy grave el caso se va por ahí, pero de todas maneras, como contaba Vero: en estas cosas en las instituciones igualmente no es exitoso ese camino.
Entonces poco de aprendiendo de esa experiencia el debate está ahorita colocado en cómo vamos a ir construyendo nuestras instancias de procesamiento de estas denuncias, pero la nuestra. Y no sabemos bien, pero esa es el debate.
ALEJO: Muchísimo más para charlar, pero mil gracias, espero que este sea un primer encuentro, una primera declinación, y podamos seguir charlando sobre esto… diferentes modos de procesamiento, instituciones, para pensar la autodefensa también, más allá de las cárceles y las prisiones, que lo único que hacen, al fin al cabo, como marcan ustedes, y como también marca Angela Davis, es también reproducir esa violencia sexual. Así que mil gracias, y nos vemos en algún momento pronto, mil gracias.
VERONICA GAGO: Muchas gracias!

ALEJO: En la misma semana también nos encontramos en la Casona de Flores con tres integrantes de la organización Yo No Fui, Liliana Cabrera, Eva, y Gabriela, para seguir conversando en torno a la cuestión del punitivismo y la violencia de género pero también sobre cómo ellas piensan la lucha carcelaria en relación a la ola feminista contemporánea.

ENTREVISTA CON YO NO FUI

LILIANA CABRERA: Mi nombre es Liliana Cabrera y soy parte de Yo No Fui, yo considero que soy parte de Yo No Fui desde el año 2006 que fue cuando conocí el taller de poesía. En realidad Yo No Fui, es una organización que nace en el 2002 a partir de ese mismo taller de poesía que me recibió a mí, que en ese momento lo dictaba María Medrano que al día de hoy es la coordinadora general de Yo No Fui y es un colectivo que tiene talleres dentro y fuera de la cárcel de diversas disciplinas, tanto artísticas, como productivas.
Además, hace un acompañamiento muy importante de las vidas de las mujeres que pasamos por la privación de libertad. En Yo No Fui participan mujeres y cuerpos disidentes que pasaron por la cárcel y otras que no porque consideramos que una puede estar preso, ó presa, prese, de un montón de lados.
EVA: Mi nombre es Eva. Soy parte Yo No Fui del año 2009 también, empecé en el taller de serigrafía con María Medrano también y Ramona una compañera que había salido de estar detenida y que había participado anteriormente en los talleres y volvió como docente con María a la unidad. Y estuve cinco años detenida, salí en el 2012 y las salidas para todas no es fácil, ya que no tenemos recursos, más que nada no tienes el hábito de estar en libertad entonces chocarte con eso es bastante difícil.
Después de dos años, después de un tratamiento y varias cosas que fueron sucediendo logré volver a los talleres y lograr sostenerlos. Hoy ya hace cuatro años que vengo. Participo en la organización como docente también voy al taller penal de José León Suárez que es una cárcel bonaerense. Voy con Lili, con Ramona también, que fue mi docente, y vamos a dar un taller con Lili de cine y con Ramona de pintura en tela.
GABRIELA: Hola buenas tardes, mi nombre es Gabriela, me dicen Pipi, yo participaba en los talleres de poesía cuando estaba privada de mi libertad. Deje de participar de los talleres porque no tenía una conducta. Cuando en el penal no tenés conducta te censuran de hacer los talleres ó las partes que son como recreación ó como actividad, te censuran por no tener conducta, por tener problemas siempre con el servicio penitenciario que es un poco complicado la convivencia y con la policía.
Deje de ir a los talleres, salí en libertad hace tres años y puedo decir que me choque mucho con la sociedad porque yo adentro… la cárcel te invita a ser un monstruo que no querés ser y lo tenés que ser y te transforma en una personalidad que cuando salís, te chocas con las personas que realmente vos necesitas que te ayuden o quizás también pasa que, por ejemplo, adentro hay un programa de progresividad, o sea, de trabajo, educación.
Vos trabajas adentro, tenés un sueldo, podes sostener ciertas necesidades que tenés: como alimentos, cosas de higiene o puedes sacar la plata a tu familia para que tu familia si tiene tus hijos, se las sacas para tus hijo. Es complicado porque vos salís en libertad y ya no tenés esa entrada de dinero que cuando estabas adentro. Vos salís y afuera cuesta un montón rescatar un laburo porque tenés antecedentes penales ó por el papel de antecedentes penales.
Como que no funciona. El estado no brinda esa función para las personas que salen privadas de libertad. Es por eso que muchas veces, o sea, muchas pibas y mucha gente en las cárceles federales, hay mucha población por el tema también de que las pibas entran, vuelven a entrar, vuelven a delinquir, porque adentro es como que tienen ese sostén. Lo digo por experiencia, me pasó a mí. Me apropié de ese sentimiento de decir, “Yo prefiero estar en la cárcel, porque afuera el estado no me brinda la ayuda que yo tengo que recibir realmente”.
Muchas veces yo fui chica, de chica yo de los 14 años estaba en situación de calle y a mí el estado no me respondió a esa carencia que yo tenía. A ese abandono de familia que yo tenía. Me fue en libertad. Tuve… como no me fue bien con el tema de sostener para seguir buscando un trabajo o algo, yo volví a lo mismo, a drogarme, a robar, a ciertas áreas de mi vida que yo antes estaba y en consumo yo quedó embarazada de mi hija, cuando ella nació me la quisieron sacar y la tuve, no permití que me la saquen, Eva me habrá ido a buscar muchas veces en los barrios, porque acá en Argentina hay barrios que están inundados por el paco, mal, es un poco complicado.
Muchas de las pibas que están detenidas, también están por robar, pero para drogarse con eso, con crack. Hay un programa de rehabilitación dentro de la cárcel pero no funciona como tendría que funcionar, como son los programas afuera porque yo he estado en centros de rehabilitación dentro de la cárcel y cuando salía tampoco recibí la ayuda que tendría que haber recibido para no volver a delinquir, para no volver a drogarme, para no volver a caer en lo mismo, para no volver a la cárcel.
Después tuve mi nena, me interné en un centro de rehabilitación, no terminé mi tratamiento, pero yo después me fui con Eva, a la casa de Eva a vivir con ella y cuando estaba viviendo con ella me vine a los talleres de Yo No Fui. Volví y acá estoy. Es como mi segunda casa. Yo No Fui, porque yo hoy puedo sostener muchas cosas porque sé que estoy sostenida con esto y con las compañeres, con todo.
ALEJO: Me gustaría que nos cuenten un poco para los compañeros en Estados Unidos, porque no conocen exactamente qué es lo que hace, Yo No Fui. Hacen talleres tanto afuera como adentro que proveen esa red de apoyo para poder sobrevivir, lo que nosotros llamamos el abandono organizado del estado y el capital, y el patriarcado que al fin y al cabo reproduce tanto afuera como adentro de la prisión esta violencia, no? Y que nos cuenten también eso en relación al movimiento de Ni Una Menos.
Hoy estamos acá también en una ola feminista por toda Latinoamérica, ¿cómo ustedes piensan el Ni Una Menos en relación a la cuestión carcelaria, penal, como solución a un problema social, que es el patriarcado, que al fin y al cabo parece que los penales por ahí algunos piensan que pueden solucionar pero otros piensan que no, ¿cómo piensan ustedes esa cuestión?
GABRIELA: Yo No Fui lo que brinda es talleres y oficios dentro de las cárceles y fuera de las cárceles. Hay chicas que están en los talleres, que están con arresto domiciliario, que están con transitoria, que están con condicional, con pulsera y ellas vienen acá y son sostenidas por la organización y lo que brinda es lo que no te brinda el estado, es la contención, si bien hay una cooperativa de trabajo, pero esto es como un acompañamiento para que vos sostengas lo que el estado no te da.
Yo desde que empecé a estar acá, yo puedo sostener muchas cosas en mi vida ahora, yo lo que pienso es que en las cárceles hay pibas que están muertas porque el estado no se hace cargo, el servicio penitenciario permite que se maten pibas adentro y parte de mí, es una lucha porque es como que el estado abandona, y es como que vas por la calle, “Sí, soy feminista” y como el estado te rechaza por ser feminista.
EVA: Yo No Fui es todo eso que dice Gabi. Aparte de la contención, cuando salen las pibas lo primero que piensan es en sustentarse. Desde la organización se acompaña esos procesos de gestión de un montón de cosas, porque uno sale sin documentos, sin partida de nacimiento y se acompaña toda esa gestión que tiene toda una burocracia que empezar de ir a una oficina, de ir a otra y de empezar a buscar ingresos que el estado tiene que dar, pero para eso te ponen toda una serie de requisitos que cuando una sale no los tiene entonces acompañamos todo lo que es esa gestión en lo que más se puede.
En relación a lo del feminismo carcelario, intentamos también meter esta discusión en el movimiento de mujeres porque no es algo de lo que toda la gente hable de las cárceles ni tanto de los hombres como de las mujeres, por lo menos yo creo que si alguien dice ser feminista y cree que una mujer merece la cárcel es una falsa feminista, porque las condiciones de las mujeres en la cárcel son indignas desde donde lo mires, hay mujeres detenidas con sus hijos, mujeres embarazadas que van a parir esposadas.
Las mujeres recibimos una doble condena. Te condena tu juez y la condena social de porque sos mujer, porque sos madre, porque cómo siendo madre cometiste un delito. Eso es doblemente juzgado, para nosotras, y si no entienden eso creo que no entienden nada… y las condiciones en las que se vive.
En los talleres de Suárez por ejemplo, las pibas nos cuentan que se entregan un paquete de toallitas para seis mujeres cada dos o tres meses. En la cárcel de José León Suárez. Y en la cárcel de Ezeiza nos enteramos que a las compañeras trans les entregan toallitas, eso es muy perverso, creemos que todas las presas son políticas, creemos, queremos y necesitamos el acompañamiento de todo el feminismo para poder reclamar sobre los derechos básicos de todas las mujeres, pero también teniendo en cuenta las mujeres privadas de libertad.
LILIANA: Como dijeron los compañeras, Yo No Fui cumple una función muy importante dentro de los penales y también afuera, que es la de poder informar sobre los derechos que una tiene, poder debatir también sobre las cosas que van saliendo ó lo que tiene que ver con la sociedad civil.
Porque muchas veces una no toma conciencia que es parte de la sociedad, hasta que vos te pones a pensar que sos parte de esa sociedad que no te acepta como tal, pero que la cárcel es parte. Y en todo caso es la sociedad la que tiene que cambiar la mirada sobre la cárcel.
Muchas de nosotras encontramos el feminismo en los talleres, yo encontré el feminismo en esas lecturas a las cuales no había tenido acceso, las encontré dentro del penal porque realmente en todos los talleres, más allá de la disciplina puntual, todo lo que tiene que ver con lo vincular y con el pensamiento crítico, también era parte.
Además algo que no he visto en otras organizaciones y que también hizo que yo me enamoré de este colectivo, es que quienes van saliendo pasan a ser parte de las diferentes áreas de Yo No Fui. Tanto de lo que es el equipo docente, como el equipo de apoyo social, como es parte Eva, como de todas las áreas.
Para Yo No Fui eso es muy importante, porque realmente lo que tiene que ver con la experiencia en ese territorio, con poder acompañarles de otro lugar, para nosotros es un valor y eso no lo he visto en otros lugares sinceramente.
Así que como dijeron las compañeras, realmente el feminismo debería acompañar esta causa porque quienes están adentro realmente sufren vejaciones que en otros lugares no se espera que pase hoy en el siglo 21. No porque no suceda. En la situación de calle, en todos lados se sufren vulneraciones, pero dentro de los penales hay cierta crueldad que cuando vos no pasas por esa experiencia, no pensás que puede pasar algo así y que la misma persona internalice eso y lo vea como algo natural.
También es parte de lo que hacemos en los talleres que alguien que está dentro del penal diga, “Yo tengo derechos, a mí no me tienen porque tratar así.” Porque realmente necesitamos ser más uniéndonos en pos de esta lucha.
GABRIELA: Sean rebeldes al estado del patriarcado, y Ni Una Menos en las cárceles.

CREDITOS

Gracias por escuchar a este programa de Rustbelt Abolition Radio, un programa sobre abolicionismo penal basado en Detroit, Michigan. Para escuchar otros programas de Rustbelt Abolition Radio en inglés nos pueden buscar en el siguiente sitio de internet: http://www.rustbeltradio.org. Este programa fue producido por a María, Kaif Syed, y Alejo Stark. La música es de Bad Infinity.